Ir al contenido principal

Entradas

Destacados

Ariadna I

  Entre tanto, ¡Teseo! ¡mi Teseo! En alta voz, llamándote, clamaba, Y Teseo tan solo respondían Las rocas dé la cóncava montaña. Y cuantas veces mi amoroso labio Tu nombre pronunció, por otras tantas Lo repitió la roca compasiva, Queriendo así aliviar mi pena amarga. Estos versos de las Heroidas de Ovidio son de la decima carta, la que Ariadna dedica a Teseo cuando se sabe por él abandonada. Cuando los leo no puedo evitar leerlos en el tono de esa esa canción de Cuco Sánchez: Háblenme montes y valles grítenme piedras del campo cuando habían visto en la vida querer como estoy queriendo llorar como estoy llorando morir como estoy muriendo. Y luego despierto y me río. Ni modo que qué.

Entradas más recientes

Amor y anarquía

Este año se murió Morricone, chale...

El niño Covid Gatell nació en Monterrey