Ariadna I

 Entre tanto, ¡Teseo! ¡mi Teseo!

En alta voz, llamándote, clamaba,
Y Teseo tan solo respondían
Las rocas dé la cóncava montaña.

Y cuantas veces mi amoroso labio
Tu nombre pronunció, por otras tantas
Lo repitió la roca compasiva,
Queriendo así aliviar mi pena amarga.

Estos versos de las Heroidas de Ovidio son de la decima carta, la que Ariadna dedica a Teseo cuando se sabe por él abandonada. Cuando los leo no puedo evitar leerlos en el tono de esa esa canción de Cuco Sánchez:

Háblenme montes y valles
grítenme piedras del campo
cuando habían visto en la vida
querer como estoy queriendo
llorar como estoy llorando
morir como estoy muriendo.

Y luego despierto y me río. Ni modo que qué.






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