lunes 28 de septiembre de 2009

intermedio reivindicatorio

Reconozco a una muchacha entre un montón de caras nuevas que me miran con curiosidad. De inmediato recuerdo la noche en que la ví por última vez. Era mayo y un hombre muy alto y yo bebiamos y bailabamos. La muchacha se va sin decir una palabra y dudo si ella también sabe quién soy.

La semana siguiente vuelvo a mirar a la chica y le pregunto si recuerda esa noche de mayo. Ella inclina la cabeza, cambia la expresión y me dice que recuerda, pero que se fue rápido y sin decir nada porque la había hecho sentir muy triste y de golpe le traje muchos recuerdos. Le digo que lo siento, la abrazo y me despido.

Mietras caminaba dejándola atrás me reí un poquito. El asunto fue tan patético/cómico/ternurita, que casi hizo que sintiera ganas de consolarla porque mi novio murió.

lunes 21 de septiembre de 2009



callar.

(Del lat. chalāre, bajar, y este del gr. χαλᾶν).

1. intr. Cesar de hablar.

Aprender a no decir lo que será un arañazo imborrable en el otro. Escuchar, disfrutar y callar. Un muchacho me explica que le gusta la música. Yo le digo: a todos nos gusta la música ¿qué no? Él replica: a la mayoría de la gente le gusta el no-silencio, a mi me gusta la música. Todo acabó de teorías y Hemingway. Nunca dudé que le gustara la música, sólo quería decir que se notaba que disfrutaba la música.

2. tr. Omitir, no decir algo.

Guardar un secreto. Ser una tumba. Desde niña tengo cajitas en las que guardo palabras que me gustan por su sonido o significado. También contienen anotaciones y cosas que nunca he hallado a quien contar o que he decidido callar. Hace unos meses compré una cajita de madera para mi esposo y le dije que no era necesario que me dijera todo. Él llenó la cajita con huevitos de chocolate y menta y me la devolvió. El escribe todo y no sabe callar. Ahora yo tengo una cajita blanca donde guardo todas las palabras suyas que no voy a leer y otra de donde tomo dulces mientras lo escucho leer.

calla y cuez.

1. expr. U. para recomendar a dos estar juntos, sin perder el tiempo en cosas fútiles.


domingo 13 de septiembre de 2009

vocación.

Para J. P. que no me entiende cuando le digo

que soy una tipa normal


(Del lat. vocatĭo, -ōnis, acción de llamar).

1. f. Inspiración con que Dios llama a algún estado. El voz de la vida. Inclinación a cualquier estado o carrera.

Podría suceder que existan hombres y mujeres que nunca escuchen el llamado de la vida, muchos menos el de Dios. Si esto es cierto ¿qué papel jugarán estos hombres y mujeres en la historia? Acaso son "simplemente" la masa silenciosa que desarrolla las fuerzas productivas de una sociedad hasta hacer germinar la semilla del siguiente momento de la historia. Los que no narrarán la Historia. Los sordos de vocación que entregarán su vida a un mañana que fueron impedidos a soñar.

Es probable que yo pertenezca a este grupo. Vocación: sorda de vocación. La única vez que intente hablar con Dios, le pedí que me dejara distinguir mi vocación. Sentada en las ramas de los árboles, interpretaba el llamado de la vida. Durante algunos años intenté ser una especie de serecillo mitológico dedicado a interpretar la oculta causalidad del universo.

El mundo te da señales, decía. Luego me encontré con el final material de la vida sin posibilidad de réplica. ¿qué clase de estúpida señal de la vida es la muerte? Abandoné mi vocación. Me da miedo morirme, me da miedo vivir sin mirar a los que amo. Sólo dos cosas cambiaron: después de ocho años la filosofía dejó de ser absurda y ya no creo en las señales del mundo.

La realidad es compleja, digo ahora mientras encojo los hombros. Tal vez la vida nunca me va a llamar a nada como un estado o profesión. Quizá pertenezco a la masa silenciosa, y no a la voz narradora. Soy una ociosa y hasta hoy, la vida sólo me ha llamado a las siguientes insignificantes acciones:

-Escuchar el zumbido que producen los camiones de carga sobre el Eje Central en la madrugada

-Hacer todos los ejercicios que recomiendan en revistas para que no se caigan las tetas

-Detenerme a mirar la barda azulada de un terreno baldío durante una tarde lluviosa

-Cuidar a mi madre. Perdonar a mi padre.

-Pensar que un prado de flores amarallitas luce como una colcha sedosa desde la ventanilla de un autobús anaranjado, mientras escucho there, there.

-Vender periódicos y dejar de comer carne

-Comer papitas a la orilla de una barranca con un niño de ocho años, mientras su padre explica la sección cuarta de El Capital en la sala de una mecánico automotriz.

- Calcular los productos exactos que alcanza a pagar tu vale de despensa en la tienda de la UNAM

-Tener una maceta de Hortensias en el patio, aunque digas que son de mala suerte

-Decir: ¡salud, camarada!

-Correr por las mañanas en un parque que es como el de la película donde Hugh Grant se queda con Julia Roberts

-Querer vivir ciento veinte años

- Odiar la muerte