sábado 26 de diciembre de 2009

Diciembre



Compré un carrito para llevar el garrafón de agua a casa. Yo sola no me lo aguanto.
Mientras voy a casa con el garrafón en el carrito, siento como si fuera nueva en el barrio y anduviera esas banquetas por primera vez.
Los emparejados tienen un mundo aparte, un ritmo para caminar compartido. Aunque luego resulte que su camino compartido era pura mamada -o una ficción de altos vuelos literarios-.
Ahora que ando mis propios pasos todo me parece nuevo y encuentro diversión donde antes sólo veía una barda, el redondel de un árbol, un camino de torres eléctricas, una fonda o una peluquería.
Es como si el año nuevo hubiera empezado hace dos meses.

lunes 7 de diciembre de 2009

objetos II



En el capitalismo el amor y el matrimonio tienen su única expresión en el intercambio material de los bienes o, para ser más claros, se reducen al intercambio material de los bienes.


Siempre llego tarde a los libros importantes

Theodor Adorno, Minima moralia

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Me convertí en una tipa aburrida: sé que esto, como todo lo otro, también se me va a pasar.

Tirar las uñas en la alfombra y pisar hojas secas toda la tarde, no es sino el último aliento de mi amor, antes del dulce olvido.

Me gustaba sentir que todo era definitivo y cada momento absoluto, eterno, sin fisuras que llevaran a su propia destrucción. Aunque luego, claro, eso también me aburría.

Baruch Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico

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La casera me entrega un sobre azul.

Distingo con claridad mi nombre y dirección.
Además, leo algo como Nikea, Pireo, Hellenic Post.
¿Serán las cuatrocientas cincuenta mil tesis sobre la caída de la Unión Soviética?
¿El primer número de Comunista Internacional?


Saco del sobre un librito rojo. Ninguna nota o dedicatoria, sólo un doblez en la página 46 y el encerrado tacto de hombre que sólo sentí una vez, mientras me daba la mano para decir adiós una mañana de verano.


Es verdad: los únicos mensajes que no llegan son los que no se envian


Yanis Ritsos, Sueño de un medio día de verano


domingo 8 de noviembre de 2009

objetos


Una mujer toma unas tijeras y se corta cuidadosamente desde la garganta, hasta la boca del estómago. Separa la capa de piel y grasa, busca con atención.
¿Dónde guarda lo que él quiere?

lunes 28 de septiembre de 2009

intermedio reivindicatorio

Reconozco a una muchacha entre un montón de caras nuevas que me miran con curiosidad. De inmediato recuerdo la noche en que la ví por última vez. Era mayo y un hombre muy alto y yo bebiamos y bailabamos. La muchacha se va sin decir una palabra y dudo si ella también sabe quién soy.

La semana siguiente vuelvo a mirar a la chica y le pregunto si recuerda esa noche de mayo. Ella inclina la cabeza, cambia la expresión y me dice que recuerda, pero que se fue rápido y sin decir nada porque la había hecho sentir muy triste y de golpe le traje muchos recuerdos. Le digo que lo siento, la abrazo y me despido.

Mietras caminaba dejándola atrás me reí un poquito. El asunto fue tan patético/cómico/ternurita, que casi hizo que sintiera ganas de consolarla porque mi novio murió.

lunes 21 de septiembre de 2009



callar.

(Del lat. chalāre, bajar, y este del gr. χαλᾶν).

1. intr. Cesar de hablar.

Aprender a no decir lo que será un arañazo imborrable en el otro. Escuchar, disfrutar y callar. Un muchacho me explica que le gusta la música. Yo le digo: a todos nos gusta la música ¿qué no? Él replica: a la mayoría de la gente le gusta el no-silencio, a mi me gusta la música. Todo acabó de teorías y Hemingway. Nunca dudé que le gustara la música, sólo quería decir que se notaba que disfrutaba la música.

2. tr. Omitir, no decir algo.

Guardar un secreto. Ser una tumba. Desde niña tengo cajitas en las que guardo palabras que me gustan por su sonido o significado. También contienen anotaciones y cosas que nunca he hallado a quien contar o que he decidido callar. Hace unos meses compré una cajita de madera para mi esposo y le dije que no era necesario que me dijera todo. Él llenó la cajita con huevitos de chocolate y menta y me la devolvió. El escribe todo y no sabe callar. Ahora yo tengo una cajita blanca donde guardo todas las palabras suyas que no voy a leer y otra de donde tomo dulces mientras lo escucho leer.

calla y cuez.

1. expr. U. para recomendar a dos estar juntos, sin perder el tiempo en cosas fútiles.