Intermedio memorioso

Recorro una biblioteca que es como un barco. Distraída, miro montones de libros sin buscar alguno en particular, de repente, un suave calor en el vientre. Me detengo, recupero las sensaciones, fragmentos de un pasado ahora irreal: hace unos años esa biblioteca tenía goteras, pocos libros y un baño a medio construir donde una pareja hacía el amor a las 5:50 de la tarde. El cuerpo tiene su propia memoria. Yo (esa asquerosa farsa de la conciencia) sólo logro recordar algunas imágenes:
su piel morena
una playera con la leyenda
Francisco (Pancho) Villa REWARD
una falda azul
unas sandalias blancas.

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Antes de dejar el Sevilla Palace, tomo el elevador hasta el penthouse para ver la piscina y el monumento a la revolución. El elevador -lo único lindo del hotel- parece un funicular con vista al lobby y al restaurante. Mi mejilla en el cristal me recuerda una fotografía del álbum jóvenes y bellos. Un hombre mira una ciudad desde un teleférico rojo, tal vez es Zacatecas o Guanajuato. El hombre luce cansado, desilusionado y triste. Yo lo miro a él. En el vidrio se ven las huellas de una suave llovizna.

...............

Olvido a quienes dejé de amar con enferma facilidad. No voy a juzgar aquí, si eso es bueno o malo. El pasado es un amasijo de nombres e imágenes, todas metidas en el mismo saco. Nadie dejó un recado en mi chazarilla cuando terminé la secundaría. No pido teléfonos que no pienso marcar. No hablo con mis exnovios, para intentar comprender qué nos pasó. Tampoco les digo que, después de haberlos amado, les guardo mucho cariño (esa mamada). Los recuerdo de repente, un gesto, un lunar, la manera en que apretaron mi garganta o mi pecho, su mirada al despertar. Si algo pudiera decirles es que agradezco su silencio, su no-presencia, sus breves llamadas, saber que no piensan en mi, que como yo, me olvidaron.

Comentarios

gisa ha dicho que…
En el intermedio memorioso, entre la biblioteca y el Sevilla Pallace, me quedo con el olvido…

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